¿Os habéis fijado alguna vez en la manía que tienen casi todas las mujeres en quitarse años?
Lo cierto es que yo nunca lo he entendido: una cosa es presumir y otra completamente distinta hacer el tonto.
La vida y el tiempo son dos cosas con las que no se juega, y mucha gente debería entender que vivir muchos años es un regalo del que debería sentirse orgulloso. Cuando escucho a alguien mentir acerca de su edad me vienen a la cabeza esos centenares de persona, la mayoría sin rostro y sin nombre, cuyas vidas han sido truncadas demasiado pronto, muchas veces incluso antes de tener uso de razón.
Esas personas, esas almas que a día de hoy siguen clavadas en el corazón de sus seres queridos, seguramente se indignarán al ver cómo la vanidad hace que muchos desprecien lo que ellos no han tenido.
La vida es un regalo que no todos han podido disfrutar y con los años a ese regalo le acompañan los recuerdos, la experiencia, las risas que tanto nos gustan y los llantos de los que tanto hemos aprendido.
Yo, por mi parte, me siento orgullosa de vivir. Quiero aprovechar la oportunidad que se me dio el día que vine al mundo, seguir creciendo, aprendiendo y soñando.
No sé lo que pasará conforme avancen los días, pero espero de corazón seguir pensando igual dentro de muchos años. Si lo consigo podré sentirme orgullosa de comprobar que mis ideas no se han dejado manchar por los estereotipos de la gente.

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